Alioli sin huevo

 

Como bien indica su nombre, alioli o ajoaceite, esta peculiar salsa originariamente utilizaba únicamente estos dos ingredientes para su elaboración. Y la pregunta que a cualquier curioso amante de entresijos de nuestra lengua se puede hacer es que, si la palabra indica sus ingredientes ¿habrá una razón por la cual en todos los sitios lo encuentro con huevo? La respuesta la puede dar la historia de esta singular salsa y la siempre temida forma en que se corta, dando a perder varios minutos de intenso esfuerzo. La débil estabilidad de esta salsa sin huevo hace que todo nuestro trabajo se quede, en unos segundos, en una aceitosa y desligada mezcla de ajo y aceite incomible.

Personalmente, creo que la salsa sin huevo es mucho más digestiva, sana y sin peligros de salmonelosis, por lo que es más que recomendable en restaurantes que quieren impresionar con una salsa alioli casera que, como podrás observar en los bares y restaurantes de este país, lo que nos sirven es el indigesto alioli de bote y, no por que quieran ahorrarse el esfuerzo, es por las leyes que intentan evitar la salmonelosis en verano y les impide usar huevos frescos.

Un apunte más, en días de verano es mucho más fácil que se corte, ya que el calor le afecta mucho a la salsa y hace que se desvanezca con más facilidad; así que, un buen consejo es hacerla en un lugar frio y si no encuentras por estar a pleno verano sin aire acondicionado y consigues que esta singular salsa espese, lo mejor es que la metas corriendo en la nevera para salvaguardar tu trabajo.

Una buena estrategia a la hora de empezar esta salsa es comenzar sin yema y, si se corta, la añades y, en bastantes ocasiones, se liga de nuevo. Esa es la explicación que nos da la historia para la introducción de este peculiar ingrediente en la salsa y no es otra que por la virtud de restaurar el trabajo perdido.

Ingredientes:

  • Tres-cuatro dientes de ajo.
  • Aceite virgen extra.
  • Tres gotas de limón.
  • Sal

Con una pizca de sal y tres gotas de limón machacamos en un mortero los dientes de ajo hasta que queden una pasta uniforme. Dando vueltas, en mismo sentido siempre, vamos incorporando el aceite en pequeñas cantidades. Cuando  lo absorbe, incorporamos un poco más, así hasta que tengamos suficiente salsa o hasta que veamos que le cuesta absorber el aceite que se le vierte. En este punto es donde lo metemos en la nevera para enfriarlo, recomendable antes de consumirlo para que sea más difícil que se corte.

Disfrutar de esta singular y digestiva salsa.

Espero vuestros comentarios, que busquéis alimentos glutenfree y que nuestra lucha os haga más libres.

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